Hace demasiado que no estoy por estas páginas y no ha sido por olvido o por
inapetencia. Sencillamente la vida no nos deja hacer lo que realmente queremos.
La mía a dado un vuelco tremendo, tanto es así que me encuentro viviendo fuera
de España. Pero no estoy aquí para contaros mi vida, sino la de otros; los
parias del mundo, los olvidados (así los llamaba Luis Buñuel en su película,
nombrada Memoria del Mundo por la Unesco).
Desde mi vuelta de Camerún hace ya casi tres años, no he dejado de recibir
ininterrumpidamente correos de mis niños y de las personas maravillosas que
allí encontré. No sé por qué pero tengo una espina clavada muy dentro de mí que
no me deja en paz. Intento salir adelante con los problemas cotidianos de un
padre de familia al que le restringen las visitas con sus hijas en lo períodos
de vacaciones por una ley que dice que es por el bien de los hijos que estén
con su madre a pesar de que ellas quieran estar con su padre. Pero esa es otra
historia muy diferente de la que quiero contaros ahora.
En todos estos años, no he parado de creer en Papá Noel y en que la gente
es buena. Claro que hay gente buena, pero creo que de esa queda muy poquita.
Nos pasa como a mí me pasa, que no podemos liberarnos de nuestras obligaciones
y darle un poquito a esta sociedad que tanto nos da. Porque lo que vivimos la
gran mayoría de los que leéis este artículo es una ficción, pura fantasía
comparado con lo que es realmente el mundo. La realidad es otra muy distinta.
Familias desestructuradas, niños deambulando por las calles y muchos de ellos
deseando poder ir a la escuela para escapar de esa miseria. Si habéis leído mis
anteriores artículos os podéis hacer una ligera idea del mundo real del que
hablo.
Bien, en estos años he llamado a muchas puertas y ninguna de ellas se ha
abierto. Y en ese empeño he seguido y sigo y la respuesta sigue siendo la
misma. ¿? Parece que la manera de conseguir dinero para estos niños es tener
mucho dinero para poder meter un anuncio en la TV o en la radio. Es decir,
gastar dinero para darle dinero a estos niños. Entonces, ¿el dinero que hemos
gastado no sería mejor haberlo dedicado a esos niños?.
Hace un mes estuve en el cumpleaños de una gran persona y bellísima de
corazón. Estuvimos unas 10 personas. Salió el tema de los necesitados y les
conté mi experiencia en Camerún. La mayoría daba por buena la respuesta de que
el dinero que dan a las instituciones “...al
menos una parte llega...” Argumento manido y que no logro entender. De
esto también he escrito en otro artículo. Yo me resisto a conformarme con que
algo llega. Lo que quiero es que llegue todo, no algo. Si compro un telévisor
no quiero que me llegue el mando a distancia, lo que quiero es todo el
televisor. Claro, para eso se necesitaría personal que estuviera dispuesto a trabajar
por lo demás, por vocación y no por dinero. ¿Cuántos de ustedes lo harían?.
Háganse esa pregunta. Bueno, tampoco quiero ponerles la cara roja, sólo intento
que reflexionen al respecto.
Bueno, dando vueltas y vueltas a mi cabeza, que para eso Dios me la dejó
encima de mis hombros, he estado creando una manera de generar un poco de
dinero para poder dedicarlo a estos niños. Es una manera de ofrecer un servicio
a todos y al mismo tiempo generamos ingresos para los niños en Camerún. Aquí no
hay anuncios pagados ni infraestructura costosa. Los costes los asumo yo
(bueno, más bien mi esposa actual) y ascienden al alquiler de un servidor en internet. El
trabajo lo he realizado yo enteramente y no hay personal que pagar ni oficinas
de alquilar ni gastos varios. Mucho trabajo y estudio durante meses pero creo
que ha valido la pena el esfuerzo realizado.
Les sugiero que visiten esta página www.voipeinfach.de . Se trata de que
ustedes llamen mucho más barato por teléfono a todo el mundo, que se ahorren
unos dinerillos en las llamadas a móviles de sus amigos o empresa. Una parte
importante del dinero que se genere con este servicio será dedicado al proyecto
en el que llevo desde hace años. Ustedes salen ganando y el proyecto también.
Sin gastos desorbitados de ningún tipo.
Ayer me escribió de nuevo Lucy (aparece en uno de mis artículos) lo siguiente:
“hi antonio how things
what happened that you did not come again to cameroon. how is your family doing
hope fine antonio things have not been easy here in cameroon especialy financial
problem i am now schooling in bamenda with steven. that is why things are very
tough for us but cameron has been helping us with financial problem. greet
every one for me this is my number 237 70020095”
Me desea lo mejor a la vez que me cuenta lo duro que es su vida. Parece que
ella ya no cree que vuelva nunca más a su país. La he contestado y le he
prometido que si algo puedo hacer, juro
que lo primero será volver allí y cumplir las promesas que les hice. Les
prometí un proyecto, les prometí que trabajaría por ello. Aún no he podido
cumplirlo. Mi limitación es que no tengo un duro, no es que lo dedique a
vacaciones o a comprar una casa. Sencillamente vivo justo, muy justo y nada me
sobra. Si me sobrara no estaría escribiendo este artículo. Y a las puertas que
llamé sólo oí palabras vagas y confusas.
Les deseo que pasen un feliz día.
Antonio Pérez (
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)
(A Victoria y Cecilia)
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